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viernes, 10 de mayo de 2013

Distancia.

Mi cuerpo añora tus caricias y mis labios extrañan tus dulces besos. Mi corazón ya no está en su sitio porque te lo llevaste el último día en el que pude saborearte. Mis días se han transformado en una gris y monótona rutina que no tiene fin, ya no tengo ganas de levantarme cada mañana. ¿Para qué voy a abrir los ojos? ¿Para darme cuenta de la realidad y volver a caer en llantos amargos? A cada sábado que llega cuento inconscientemente las horas que me faltan para verte pero, en cuanto me despido y llega la hora, me percato de la realidad y me doy cuenta de que no son horas lo que quedan para poder abrazarte de nuevo, son semanas. Semanas eternas que no tienen fin.

-NN.

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